Tuesday, July 25, 2017




A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde, y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla.
En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez: llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y —porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre— montó en la máquina saboreando el paseo. La moto  ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.
Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo sobre la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pie y la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe.
Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla, y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba a una bailada próxima supo, que la causante del accidente no tenía más que rasguños en las piernas. «Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado.» Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien, y alguien con guardapolvo dándole a beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio.
La ambulancia policial llegó a los cinco minutos, y lo subieron a una camilla blanda donde pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez pero sabiendo que estaba bajo los efectos de un shock terrible, dio sus señas al policía que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte: unas semanas quieto y nada más. El vigilante le dijo que la motocicleta no parecía muy estropeada. «Natural —dijo él—. Como que me la ligué encima...» Los dos se rieron, y el vigilante le dio la mano al llegar al hospital y le deseó buena suerte. Ya la náusea volvía poco a poco; mientras lo llevaban en una camilla de ruedas hasta un pabellón del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros, cerró los ojos y deseó estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una pieza con olor a hospital, llenando una ficha, quitándole la ropa y vistiéndolo con una camisa grisácea y dura. Le movían cuidadosamente el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras bromeaban todo el tiempo, y si no hubiera sido por las contracciones del estómago se habría sentido muy bien, casi contento.
Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado, se le acercó y se puso a mirar la radiografia. Manos de mujer le acomodaban la cabeza, sintió que lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó una mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás.
Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas.
- Julio Cortázar,  La noche boca arriba, 1956.  Lee aquí el texto completo (PDF).






















Philosophy 101








Monday, July 24, 2017





In 1969, as part of NASA’s Apollo 11, Omega’s Speedmaster officially became the first watch on the moon. And, to coincide with the mission’s anniversary – now dubbed ‘Moon Day’ – the Swiss luxury watchmaker has released a short documentary titled Starmen with a cast most befitting of the name: Hollywood meganaut George Clooney, and the second man to ever step foot on the moon – Buzz Aldrin himself...








Sunday, July 23, 2017


noncommittal













L.A. Artist Makes Tiny,
Intricate Treehouses for Houseplants

Los Angeles–based artist Jedediah Corwyn Voltz is a prop-maker for TV and film by day who has a charming side business making tiny treehouses for potted bonsai trees, cacti, and succulents.
“Building miniatures for stop motion always leaves me with a huge bin of scrap balsa, basswood, various fabrics, etc. and I found myself making little fantasy constructions out of that stuff during my downtime,” Voltz told me in an email. “Those little scrap forts led to me building some more serious ones in little diorama settings, and last year I built my first living treehouse.”
Since then, he’s made nearly 25 miniature structures, from “tiny watchtowers in secluded forests, to quiet treetop meditation platforms, to giant bustling windmills and waterwheels,” he said. “I try to build structures that complement the plant they're living in, and grow with them.”
Source: Slate, Kristin Hohenadel, July 22, 2017. Read more...























Saturday, July 22, 2017





S’il me manque l’amour, je ne suis qu’un cuivre qui résonne,
une cymbale retentissante.
S’il me manque l’amour, je ne suis rien.
J’aurais beau me faire brûler vif,
s’il me manque l’amour, cela ne me sert à rien.
L'amour supporte tout, il fait confiance en tout,
il espère tout, il endure tout.
L’amour ne passera jamais.





























Marc


Let's stay together
I'm so in love with you
Whatever you want to do
Is alright with me
You make me feel so brand new

I want to spend my whole life with you
Loving you forever
Is all I need
Let me be the one you come running to
I'll never be untrue









"‪Arrived in Wapokoneta, Ohio today, the home town of Neil Armstrong. Saw this is at the Holiday Inn and so I mirrored my salute on the Moon." - Buzz Aldrin


20 July 1969 - 20 July 2017

Thursday, July 20, 2017


erotomania* on a grand scale














*erotomania

/ɪˌrɒtə(ʊ)ˈmeɪnɪə/
noun

1. Excessive sexual desire.

2. PSYCHIATRY. Delusional disorder where the
affected person believes he/she is the object
of another person's love or sexual desire.