Sunday, April 10, 2016


Etat d'esprit, état d'âme

On ne devrait jamais se faire plaquer par les garçons avec lesquels on fut heureux ;
le bonheur les suit toujours.


Christopher Thompson, Underground
0il on canvas, 122 x 91cm (more here)

Tarde o temprano todo llega en esta vida...

El tren tardó en llegar, tardó muchas horas. Extraño estoy de que un hombre que tenia en el cuerpo tantas horas de espera notase con impaciencia tal un retraso de hora más, hora menos, pero lo cierto es que así ocurría, que me impacientaba, que me descomponía el aguardar como si algún importante negocio me comiese los tiempos. Anduve por la estación, fui a la cantina, paseé por un campo que había contiguo... Nada; el tren no llegaba, el tren no asomaba todavía, lejano como aún andaba por el retraso. Me acordaba del penal, que se veía allá lejos, por detrás del edificio de la estación; parecía desierto, pero estaba lleno hasta los bordes, guardador de un montón de desgraciados con cuyas vidas se podían llenar tantos cientos de páginas como ellos eran.

El tren acabó por llegar; tarde o temprano todo llega en esta vida, menos el perdón de los ofendidos, que a veces parece como que disfruta en alejarse. Monté en mi departamento y después de andar dando tumbos de un lado para otro durante día y medio, di alcance a la estación del pueblo, que tan conocida me era, y en cuya vista había estado pensando durante todo el viaje. Nadie, absolutamente nadie, si no es Dios que está en las Alturas, sabía que yo llegaba, y sin embargo -no sé por qué rara manía de ideas- momento llegó a haber en que imaginaba el andén lleno de gentes jubilosas que me recibían con los brazos al aire, agitando pañuelos, voceando mi nombre a los cuatro puntos.
Cuando llegué, un frío agudo como una daga se me clavó en el corazón. En la estación no había nadie. Era de noche; el jefe, el señor Gregorio, con su farol de mecha que tenía un lado verde y otro rojo, y su banderola enfundada en su caperuza de lata, acababa de dar salida al tren. Ahora se volvería hacia mí, me reconocería, me felicitaría.
-¡Caramba, Pascual! ¡Y tú por aquí!
-Sí, señor Gregorio. ¡Libre!
-¡Vaya, vaya!
Y se dio media vuelta sin hacerme más caso. Se metió en su caseta. Yo quise gritarle:
-¡Libre, señor Gregorio! ¡Estoy libre!, porque pensé que no se había dado cuenta.
Pero me quedé un momento parado y desistí de hacerlo.
La sangre se me agolpó a los oídos y las lágrimas estuvieron a pique de aparecerme en ambos ojos. Al señor Gregorio no le importaba nada mi libertad.
Salí de la estación con el fardo del equipaje al hombro, torcí por una senda que desde ella llevaba hasta la carretera donde estaba mi casa, sin necesidad de pasar por el pueblo, y empecé a caminar. Iba triste, muy triste; toda mi alegría la matara el señor Gregorio con sus tristes palabras, y un torrente de funestas ideas, de presagios desgraciados, que en vano yo trataba de ahuyentar, me atosigaban la memoria. La noche estaba clara, sin una nube, y la luna, como una hostia, allí estaba, clavada, en el medio del cielo. No quería pensar en el frío que me invadía.

-- Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte (1942)

4 comments:

joseph said...

et la larme, qui l'essuie?

yves français said...

heureusement que ce blog contient photos, images...
niveau texte, c'est l'onu sans les traducteurs.

another country said...

@ Joseph : Posté à 2 heures du matin ; nuit noire et lugubre de tristesse. "La famille de Pascual Duarte" est un de mes livres de chevet. J'y reviens souvent, quand les choses sont au plus mal, quand les envies de revolver deviennent difficiles à chasser.

yves said...

allons, allons !